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La Prisión de la Falta de Perdón

La falta de perdón puede llegar a ser una peor cárcel que la física

Se cuenta que dos hombres habían compartido una condena injusta durante un largo tiempo. En la prisión tuvieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos preguntó al otro:
- ¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?
-No, gracias a Dios ya lo olvidé todo -contestó- ¿Y tú?
-Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas- respondió el otro.
Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:
-Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso.
Muchas veces pasamos por situaciones en nuestra vida que han sido dolorosas, pueden haber sido muy largas o breves pero nos dejaron marcados.
Sin importar qué haya sido, hay ocasiones que, como el prisionero, aunque ya pasó ese momento de dolor, esa prueba, nos mantenemos dentro de esa prisión. Aparentemente somos libres pero el recuerdo nos mantiene prisioneros y no nos permite disfrutar de la libertad que nos ha sido dada.
Tal vez hay gente a la que no has podido perdonar o posiblemente no has podido perdonarte por algo que hiciste, y aún ahora, aunque ha pasado mucho tiempo, el recuerdo de aquellos momentos te llena de odio, de tristeza, de rabia o impotencia.
Sin importar lo que haya pasado, te animo a perdonar y seguir adelante. Recuerda lo que Pablo les dijo a los Filipenses:
 No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea *perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. (Filipenses 3:12-14 NVI).
No te detengas, sigue adelante. Que los recuerdos no te impidan seguir. Si ya pediste perdón por algo que hiciste y perdonaste a quien te hirió, sigue adelante. Que el recuerdo de esos momentos no te traigan dolor, sino que te animen a seguir sabiendo de dónde te sacó Dios y recordando que tiene un propósito especial para tu vida.
Amén.
Fuente: palabraquehacevida.wordpress.com

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